La evolución del teletrabajo: perspectivas para comprender el trabajo del periodista ante los cambios laborales

The evolution of telework: perspectives for understanding the journalist’s work in the face of labor changes

Larissa Cantuária Lucena1, Angela Maria Grossi1

1 Universidad Estadual Paulista - Brasil

DOI: 10.26807/rp.v29i123.2235

Fecha de envío: 16/03/2025 | Fecha de aceptación: 06/08/2025 | Fecha de publicación: 30/08/2025

Resumen

La investigación analiza la evolución del teletrabajo y sus impactos en la labor periodística en Brasil. Aunque sus antecedentes se remontan a la aparición del telégrafo óptico, esta modalidad laboral se fortaleció con el auxilio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y se expandió aceleradamente durante la pandemia de COVID-19, convirtiéndose en una alternativa fundamental para garantizar la continuidad del trabajo debido a las restricciones sanitarias. Para ello, se llevó a cabo una revisión bibliográfica en los siguientes repositorios digitales: Oasisbr, SciELO y el Catálogo de Tesis y Disertaciones de Capes. Se examinaron estudios previos sobre el teletrabajo, su desarrollo histórico y su aplicación en el periodismo a partir de la pandemia. Los hallazgos indican que la pandemia no solo amplió la adopción del teletrabajo, sino que también profundizó procesos de crisis, cambios estructurales y precarización de las rutinas profesionales de los periodistas. Para la categoría analizada en este artículo, dicha situación se tradujo en una mayor carga de trabajo, falta de infraestructura adecuada y flexibilidad sin garantías laborales suficientes. Se concluye que el teletrabajo persistirá en el contexto pospandémico, por lo que es necesario garantizar condiciones adecuadas que eviten la intensificación de las crisis en la profesión. Se recomienda proteger los derechos laborales, fomentar la conciliación entre la vida personal y profesional y facilitar el acceso a herramientas tecnológicas que favorezcan un periodismo de calidad.

Palabras clave: Teletrabajo, periodismo, pandemia de COVID-19, condiciones de trabajo, Brasil.

Abstract

This research analyzes the evolution of telework and its impacts on journalistic work in Brazil. Although its origins date back to the advent of the optical telegraph, this type of work was strengthened with the help of Information and Communication Technologies (ICT) and expanded rapidly during the COVID-19 pandemic, becoming a fundamental alternative to guaranteeing work continuity due to health restrictions. To this end, a bibliographic review was conducted in the following digital repositories: Oasisbr, SciELO, and the Capes Catalog of Theses and Dissertations. Previous studies on telework, its historical development, and its application in journalism since the pandemic were examined. The findings indicate that the pandemic not only increased the adoption of telework but also deepened crisis processes, structural changes, and the precariousness of journalists’ professional routines. For the category analyzed in this article, this situation resulted in a heavier workload, a lack of adequate infrastructure, and flexibility without sufficient job security. It is concluded that telework will persist in the post-pandemic context, making it necessary to ensure adequate conditions to prevent the intensification of crises in the profession. It is recommended to protect labor rights, promote work-life balance, and facilitate access to technological tools that foster quality journalism.

Keywords: Telework, journalism, Covid-19 pandemic, working conditions, Brazil.

1. Introducción

El teletrabajo es una modalidad laboral desempeñada fuera del espacio empresarial y de los puestos de trabajo corporativos mediante recursos telemáticos, que se desarrolló como consecuencia de las transformaciones ocasionadas por la Revolución de la Tecnología de la Información (Fincato, 2020; Macedo, 2017; Rosenfield y Alves, 2011)1. Esta forma de estructuración del trabajo está vinculada a la aparición del telégrafo óptico, que surgió en el siglo XVIII en Francia (Fincato y Cracco Neto, 2013). Sin embargo, su fortalecimiento comenzó a partir de 2020, debido a los protocolos sanitarios recomendados para minimizar la contaminación por el nuevo coronavirus durante los períodos críticos de la pandemia de COVID-19.

Así, considerando que el escenario pandémico agravó las crisis y la precarización sufridas por la clase periodística al tiempo que reconfiguró la rutina de estos profesionales (Figaro et al., 2020), el objetivo de esta investigación es hacer un enfoque teórico sobre los impactos que ha traído la evolución del teletrabajo en la actuación del periodista profesional en Brasil. Metodológicamente, este artículo se basa en una revisión bibliográfica, cuyas búsquedas se llevaron a cabo en los siguientes repositorios digitales: Oasisbr, SciELO y el Catálogo de Tesis y Disertaciones de Capes.

En este sentido, el presente estudio está dividido en tres partes. En primer lugar, presenta el concepto y la evolución del teletrabajo de acuerdo con autores como Fincato (2020), Fincato y Cracco Neto (2013), Gálvez et al. (2011), Mello (2017) y Nilles (1997). A continuación, debate que la pandemia de COVID-19 acentuó los cambios estructurales y la precarización sufrida por la clase periodística y, además, trajo una mayor virtualización a las rutinas productivas. La última sección muestra que la crisis sanitaria destacó la función social del periodismo en relación con el interés público y la necesidad de mantener una sociedad democrática informada. Con base en esto, la cobertura periodística durante la pandemia exigió adaptación y trajo experiencias remotas que tienden a permanecer en el trabajo de los profesionales de los medios de comunicación.

2. Teletrabajo: evolución y cuestiones conceptuales

La palabra teletrabajo es la unión de los términos «tele» (de origen griego, indica «a distancia», «lejos») y «trabajo» (significa una actividad profesional). Acerca del concepto de teletrabajo, tanto la literatura nacional como la internacional presentan nociones diversas que amplían el significado original y están agregadas a un proceso en constante construcción (Di Martino y Wirth, 1990; Goulart, 2009; Rocha y Amador, 2018; Rosenfield y Alves, 2011).

A pesar de la complejidad del concepto y la gran variedad de fenómenos que abarca – tales como tipos de contratos, estatuto en la organización, ubicación de la obra y tipología de las tareas –, «es consensual que el teletrabajo es descentralizado, dependiente del uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y diferente del trabajo tradicional realizado en casa» (Gálvez et al., 2011, p. 278). Así, los cambios derivados de la Tercera Revolución Industrial generaron cambios en las relaciones laborales en el contexto general y potenciaron la práctica del teletrabajo (Fincato, 2020; Macedo, 2017; Rosenfield y Alves, 2011).

En consonancia, la Sociedade Brasileira de Teletrabalho e Teleatividades [Sobratt] (2020) clasifica el teletrabajo como toda modalidad de trabajo realizada a distancia y fuera de la sede de la empresa. La realización de esta actividad laboral ocurre por medio de las TIC y está regida por un contrato escrito, mediante el control, la supervisión y la subordinación.

Aunque sea difícil precisar con exactitud el origen del teletrabajo, se sabe que la gestión del trabajo a distancia no es reciente. Según Fincato y Cracco Neto (2013), el surgimiento del teletrabajo está vinculado a la aparición del telégrafo óptico (también llamado telégrafo de señales o semafórico). Creado en el siglo XVIII por el ingeniero e investigador francés Claude Chappe, el sistema permitía la comunicación a largas distancias por medio de dos mástiles con agujas posicionadas en la parte superior de edificaciones altas (Fincato y Cracco Neto, 2013; van der Kooij, 2015). En 1793, Chappe realizó la primera demostración pública de la invención en su ciudad natal (Brulon); en el mismo año, la convención de la Asamblea Legislativa de Francia decretó la implementación de la primera línea telegráfica. El 16 de julio de 1794, la línea de aproximadamente 230 km entre París y Lille comenzó a enviar mensajes y demostró ser un medio de comunicación bastante útil, tal como Chappe había previsto (van der Kooij, 2015).

No obstante, las discusiones sobre el tema ganaron relevancia a partir de las reflexiones del físico y excientífico aeronáutico estadounidense Jack M. Nilles, quien se interesó en estudiar las opciones de sustituir el trayecto de casa al trabajo mediante telecomunicaciones. Nilles (1997) eligió el término telecommuting (teletrabajo) para denominar este concepto que sería beneficioso para las empresas, los trabajadores y el medio ambiente, seguido de telework (teleservicio) para clasificar las aplicaciones más amplias. Los resultados de su proyecto dieron origen al libro The telecommunications-transportation tradeoff: Options for tomorrow (sin traducción), publicado en 1976 en Estados Unidos.

De acuerdo con diversos autores (Alves, 2020; Jardim, 2003; Macedo, 2017; Rodrigues, 2011; Silva, 2014), la «paternidad» del teletrabajo se atribuye a Jack Nilles. Además de las cuestiones relacionadas con las empresas, el teórico vislumbró que el congestionamiento del tráfico y la expansión urbana también representaban un problema de comunicación y defendió la inversión de la clásica relación entre el lugar de trabajo y el trabajador. Fincato (2020) añade que la idea de sustitución es fundamental en la definición de Nilles, en la que los desplazamientos relacionados con el trabajo son actualmente reemplazados por el uso de tecnologías de información y comunicación.

Sierra Benítez (2011) resume la evolución del teletrabajo a partir de los descubrimientos de Nilles. En un primer momento, se creía que la actividad profesional ejercida en casa permitiría armonizar la vida privada con el trabajo. En la década de 1980, «el teletrabajo deja de ser un simple trabajo con cierto contenido tecnológico para convertirse en un auténtico fenómeno social, lo que lo convierte en un valiosísimo recurso para favorecer la inserción laboral de sectores excluidos de la población» (Sierra Benítez, 2011, p. 29). Sin embargo, estas expectativas no duraron mucho y, aun en la década de 1980, el teletrabajo se estancó debido a los siguientes factores: resistencia de empresas y sindicatos; falta de iniciativa debido a la crisis económica; alto coste de las telecomunicaciones; y falta de cultura informática de los trabajadores. En la década siguiente, «la concepción del teletrabajo es más pragmática, llegándose a considerar como un instrumento de flexibilidad laboral que permite la externalización de las empresas y la reducción de sus costes fijos» (Sierra Benítez, 2011, p. 30). Observando el contexto europeo, la autora complementa diciendo que el auge de esta modalidad laboral es el resultado de la aplicación de tecnologías digitales y de iniciativas adoptadas por las instituciones comunitarias.

En Brasil, Bleyer (2002) menciona el pionerismo de Kodak, una multinacional en el sector fotográfico que operaba en régimen remoto en el país desde 1984. La autora cita datos del Serviço Brasileiro de Apoio às Micro e Pequenas Empresas (Sebrae), referentes al año 1997, para exponer que los colaboradores en las áreas de ventas trabajaban en tránsito o desde sus hogares, estando completamente conectados con la empresa a través de la red. Aunque no tenían control sobre su horario de trabajo, los empleados mantenían un vínculo laboral con la empresa y cumplían metas establecidas por medio de jefes de equipo (Bleyer, 2002; Lavinas et al., 2000; Mello, 1999). No obstante, según Lavinas et al. (2000), hubo reclamaciones contra la empresa por parte de trabajadores que exigían el pago de horas extraordinarias o ayuda con los gastos; algunas de estas reclamaciones se negociaron incluso en el Tribunal Laboral.

Esta práctica laboral fue introducida oficialmente en el país y en América Latina en 1997, con la realización del seminario Teletrabajo – Panorama de los Negocios y Trabajo para el Tercer Milenio, evento coorganizado por la empresa Brasil Entrepreneur S/C (ahora llamada Beca e-Work), que contó con 300 participantes (Mello, 2017). En la ocasión, el profesor Álvaro Mello lanzó el primer libro sobre el tema en el país, titulado A volta para casa: desmitificando o telecommuting (sin traducción). Sin embargo, cabe destacar que la implementación del teletrabajo en América Latina no alcanzó las elevadas expectativas impuestas, ya que se creía que el desarrollo tecnológico que facilitaría su adopción ocurriría de manera más acelerada. Además, «las empresas públicas y privadas latinoamericanas aún heredan estructuras rígidas para absorber los cambios organizacionales que implican la alta velocidad con que el teletrabajo es aplicado» (Mello, 2017, p. 4).

Según un informe realizado por la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo [Eurofound] y la Organización Internacional del Trabajo [OIT] (2017), la práctica del trabajo remoto se convirtió en una tendencia en diversas organizaciones del sector público y privado de diferentes países a lo largo de los años, estando vinculada tanto a los desarrollos tecnológicos como a las estructuras económicas y culturales. Vale la pena destacar algunos datos presentados en el documento para demostrar el crecimiento de esta modalidad en el escenario internacional. En Francia, el nivel de teletrabajadores subió del 7% en 2007 al 12,4% en 2012; en Suecia, la cantidad de empresas con trabajadores en teletrabajo aumentó del 36% en 2003 al 51% en 2014; en Estados Unidos, el 37% de los trabajadores reportaron haber practicado el teletrabajo en 2015 – un porcentaje ligeramente superior al 30% de 2005 y cuatro veces mayor que el 9% de trabajadores que lo hacían en 1995; en Japón, la proporción de teletrabajadores equivalía al 32% de todos los empleados. Por otro lado, en países como Hungría, España y Alemania, la incidencia del teletrabajo seguía siendo muy baja.

Aunque no se identificaron datos específicos sobre el teletrabajo en Brasil, los servicios telemediados más que duplicaron su presencia en el país, alcanzando el 1,0% del empleo asalariado formal antes de estancarse durante la crisis económica de 2015 y 2016 (Eurofound y OIT, 2017). Una investigación de SAP Consultoria em RH (2016), realizada con 325 empresas de diferentes sectores, identificó que el 68% de ellas implementaron alguna práctica de teletrabajo en Brasil, como home office (37%), centro compartido (15%), trabajador de campo (89%) y teletrabajo en equipos transaccionales (47%). Las respuestas fueron múltiples porque algunas empresas presentaban más de una modalidad de teletrabajo. Más del 60% de las empresas que practicaban home office pertenecían a los sectores de Tecnología de la Información y Telecom; Química, Petroquímica y Agroquímica; Servicios de Soporte y Provisión; Bienes de Consumo; y Máquinas/Equipos y Automatización. De manera más amplia, coincidimos con Goulart (2009, p. 173) cuando afirma que en el país todavía existía la dificultad de «cambiar la cultura arraigada de que el trabajo corresponde a la realización de actividades independientemente de la localidad y el horario en que se ejecutan».

La cantidad de personas que trabajaban en régimen de teletrabajo había ido aumentando gradualmente a lo largo de los años en Brasil y en el mundo como parte de las transformaciones derivadas de la reconfiguración del mercado laboral en su conjunto (Nicoletti, 2019). Sin embargo, es evidente que esta modalidad laboral se fortaleció durante la pandemia de COVID-19. El teletrabajo demostró ser un elemento clave para garantizar la continuidad de los negocios ante los cambios abruptos provocados por los confinamientos impuestos por los gobiernos como medida para minimizar la propagación del nuevo coronavirus (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2020; OIT, 2020). La integración entre tecnologías, herramientas digitales y reorganización del trabajo evidenció que muchas más tareas podían realizarse a distancia de lo que se pensaba anteriormente.

Datos de la OIT (2020) citan algunos países europeos para demostrar que el trabajo remoto ocurrió con mayor intensidad en regiones donde el teletrabajo ya estaba bien establecido antes de 2020, como Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos, Bélgica y Dinamarca. En Brasil, un estudio del Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (IPEA), organizado por Góes et al. (2021), indica que el número de trabajadores que desempeñaron sus actividades profesionales de forma remota entre mayo y noviembre de 2020 alcanzó los 8,2 millones, representando el 11% de los 74 millones de profesionales que continuaron trabajando durante ese período.

Para complementar la observación, la Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios Contínua (PNAD Contínua), publicada por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística [IBGE] (2023), destaca que 7,4 millones de personas trabajaban en régimen de teletrabajo en Brasil en 2022, ya sea de manera habitual u ocasional. Estas cifras representan el 7,7% del total de ocupados que no estaban apartados del trabajo (96,7 millones).

Sin embargo, debido al carácter emergencial del inicio de la pandemia de COVID-19, diversas organizaciones del ámbito privado y público implementaron el teletrabajo de manera desestructurada y sin involucrar a los empleados en negociaciones y acuerdos, poniendo en riesgo el bienestar de los profesionales que comenzaron a utilizar esta modalidad laboral para desempeñar sus funciones (OIT, 2020). La excepción se dio en países donde estos procesos estaban profundamente arraigados en las organizaciones a todos los niveles, como en Alemania y los países nórdicos.

El día 5 de mayo de 2023, la OMS declaró el fin de la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) relacionada con la COVID-19 (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2023). No obstante, considerando que el teletrabajo tiende a mantenerse en la etapa pospandémica, es válido retomar algunas de las recomendaciones mencionadas por la OIT (2020) para que las actividades remotas se desarrollen de manera efectiva. Entre ellas se encuentran la actualización o elaboración de una política de teletrabajo, la inclusión de directrices para la protección de grupos vulnerables, la evaluación continua de la experiencia de los trabajadores con el teletrabajo, la medición regular de la demanda de aprendizaje y el monitoreo y análisis de la aceptación de incentivos financieros.

3. La pandemia de COVID-19 y el trabajo de los periodistas

El periodismo se ha visto permeado por diferentes crisis (de valores, identidad y mercado), además de cambios estructurales y precarización de la profesión (Dantas et al., 2017). Asimismo, la redacción periodística dejó de ser un entorno estático a medida que las empresas comenzaron a virtualizar su flujo de trabajo (Deuze y Witschge, 2015). Sin embargo, la pandemia de COVID-19 acentuó estos procesos, flexibilizando aún más la producción y edición de noticias y reportajes, aceleró la desaparición de los periódicos impresos e impactó significativamente en los resultados financieros de las empresas de comunicación social (Posetti et al., 2020; Reuters Institute, 2021).

Ante este escenario, resulta relevante mencionar la investigación de Figaro et al. (2020), que identificó las condiciones de trabajo de los comunicadores durante la pandemia de COVID-19. A través de la aplicación de un cuestionario mixto a 557 profesionales en abril de 2020, en su mayoría mujeres y periodistas, los autores señalan que la rutina laboral de los comunicadores durante la pandemia estuvo marcada por diferentes tipos de preocupaciones: el contagio, el desempleo, el agravamiento de la crisis sanitaria, la muerte y la pérdida de ingresos. Según los autores, la cuarentena y el distanciamiento social se convirtieron en «un escenario perfecto para experimentar procedimientos que venían gestándose de forma paulatina y que fueron acelerados de manera desorganizada, sin la planificación ni la infraestructura necesaria para que el trabajador tuviera sus derechos y condiciones de salud física y mental respetados» (Figaro et al., 2020, p. 35).

En una entrevista concedida al sitio web de la Associação Brasileira de Jornalismo Investigativo (Abraji), la entonces presidenta de la Federação Nacional dos Jornalistas (Fenaj), Maria José Braga (2020), resaltó que «los periodistas son una de las categorías más sometidas al estrés, pero ahora hay dos cambios significativos». El primero se relaciona con la ampliación del horario de trabajo remoto, además de los cuidados redoblados para los periodistas que continuaron con la cobertura presencial a fin de evitar la exposición al virus. En segundo lugar, «la pandemia también fue utilizada como justificación para medidas perjudiciales en las relaciones laborales, como la reducción de la jornada con disminución salarial o incluso la suspensión del contrato de trabajo» (Braga, 2020).

A nivel mundial, cabe presentar un mapeo realizado por la Federación Internacional de Periodistas [FIP] (2020a) con 1.308 periodistas que estaban en la primera línea en 77 países, incluido Brasil. Los resultados de la investigación revelaron algunos puntos preocupantes para discutir sobre la pandemia, que fueron:

Pérdidas de empleo, más horas de trabajo y menos recursos fueron citados como obstáculos para la realización de una cobertura periodística adecuada durante la pandemia (FIP, 2020a). En muchos países, los periodistas también enfrentaron la falta de redes de protección social y de prácticas de empleo justas. Estos datos muestran que la práctica periodística en un momento de crisis dejó a los profesionales expuestos a riesgos, tensiones e inseguridades.

Otras conclusiones alarmantes constan en el informe llevado a cabo por Posetti et al. (2020). Los hallazgos se dieron con base en las respuestas de 1.406 participantes de 125 países, siendo periodistas, editores, CEOs y otros trabajadores de los medios. El análisis presentó los resultados clasificados por los siguientes temas: amenazas a la seguridad del periodismo, pandemia de desinformación/información falsa, violaciones de la libertad de prensa, (in)viabilidad financiera, necesidades más urgentes a atender y algunas buenas noticias.

El documento muestra que el trabajo de los periodistas ocurrió «en un ambiente financiero, físico y psicológico severamente presionado por la pandemia […]. Existe la complicación adicional de un ecosistema de información que es excesivamente tolerante con la desinformación y con fuentes no confiables» (Posetti et al., 2020, p. 28). Las empresas y los gobiernos deberían haber atendido urgentemente a las necesidades de estos profesionales en lo que respecta a la seguridad y salud mental y física para intentar mitigar los efectos negativos provocados por la pandemia. Sin embargo, tales intervenciones solo tendrían un impacto adecuado si las condiciones laborales fueran modificadas a favor de un periodismo de alta calidad y si los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil reafirmaran la creencia en el valor del periodismo crítico e independiente (Posetti et al., 2020).

Las condiciones de trabajo presentadas se intensifican cuando dirigimos este debate hacia las mujeres periodistas, ya que la pandemia «reiteró las desigualdades estructurales del complejo entrelazamiento de opresión que involucra género, raza y clase» (Woitowicz y Rocha, 2021, p. 173). Retomando el mapeo de la FIP (2020a), las mujeres periodistas (63%) sufrieron más estrés y ansiedad debido a la crisis en comparación con los hombres (55%). En otra investigación conducida por la entidad, con 558 mujeres periodistas, «más de la mitad de las entrevistadas reconoció un aumento de las desigualdades de género en la industria, con consecuencias devastadoras en la conciliación entre trabajo y vida privada (62%), responsabilidades profesionales (46%) y salarios (27%)» (FIP, 2020b).

Solon et al. (2020) entrevistaron a ocho mujeres periodistas de Ceará, mostrando que las profesionales pasaron a adoptar mayoritariamente los regímenes de teletrabajo y rotación entre la redacción y el hogar. Aunque la muestra se haya centrado en un estado brasileño, la investigación aborda aspectos relevantes sobre el aumento de la precarización del trabajo en el contexto de la pandemia. Además de los cambios en el espacio doméstico, con la adquisición de equipos con recursos propios, las periodistas tuvieron que adaptar sus rutinas productivas, siendo necesaria en algunos casos la tercerización del trabajo doméstico – muchas veces a otra figura femenina debido a la ausencia de colaboración de los hombres.

Cabe señalar también los resultados del estudio organizado por Fenaj (2020) con 629 madres periodistas. Aunque el 63,4% de las entrevistadas comparten los cuidados y responsabilidades sobre los hijos con el padre, el 85,9% reportó un alto nivel de sobrecarga debido a la pandemia. Esto evidencia un agotamiento de estas profesionales y

[…] también ilustra cuánto la actividad de cuidado es casi exclusiva de las mujeres, resaltando que entre las madres periodistas que cuentan con una red de apoyo, la mayoría de las personas con quienes comparten el cuidado de los hijos es del género femenino (Fenaj, 2020, p. 11).

En medio de la acumulación de funciones y la necesidad de conciliar las responsabilidades del entorno laboral con el cuidado de los hijos y las tareas domésticas, las madres periodistas manifestaron que eran presionadas para aumentar su productividad por parte de sus superiores jerárquicos, lo que resultó en humillaciones y prácticas de acoso moral disfrazadas de «bromas» (Fenaj, 2020). Aun sin ningún tipo de apoyo y con posibles perjuicios financieros para el desarrollo del material periodístico, fueron sometidas a exigencias relacionadas con plazos, turnos, reuniones y participación en cursos.

Debido a que la flexibilización y el trabajo remoto introducen nuevos elementos de precarización laboral, pudiendo llegar al agotamiento psíquico y a daños en la existencia del individuo, es necesario garantizar y respetar el derecho a una protección efectiva y saludable del profesional como ser humano (Maciel y Lando, 2021). En el caso de las mujeres periodistas, que a menudo están sometidas al control de empresas que ignoran sus características y dificultades particulares debido a las exigencias de productividad, el aumento de la explotación laboral genera mayores desigualdades de género a largo plazo (Solon et al., 2020).

Impulsadas por el clima de inestabilidad en la actividad de los medios, algunas asociaciones lanzaron iniciativas para ayudar en la cobertura periodística durante la pandemia. El Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) puso a disposición el Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud. Según datos del sitio web de la herramienta, el foro reunió a 13.000 periodistas en 134 países con los principales profesionales de la salud, formuladores de políticas y capacitadores del mundo; organizó más de 260 webinars y entrenamientos con participantes de al menos 130 países; produjo casi 1.200 recursos relacionados con la COVID-19 en ocho idiomas; y premió a más de 50 periodistas de todo el mundo en el Concurso de Reportajes sobre la COVID-19.

La OPS (2020) lanzó una guía dirigida a periodistas con consejos para informar sobre la COVID-19 de manera clara, oportuna y con fuentes confiables. El documento destaca la importancia de una divulgación responsable y basada en evidencias, además de proponer enfoques para la cobertura periodística e incentivar el periodismo a proporcionar consejos y soluciones que contribuyan a reducir los riesgos para la salud y salvar vidas.

La Abraji (2020) tradujo al portugués The Newsroom Guide to COVID-19, con orientaciones generales sobre el nuevo coronavirus, cuidados personales, del equipo de trabajo y de las fuentes. En el documento, se establece que «la principal obligación de los gestores y editores durante esta pandemia es no poner en peligro a los periodistas. En segundo lugar, es garantizar las condiciones para el mantenimiento de la salud y la seguridad de los periodistas» (Abraji, 2020, p. 12).

En un proyecto similar, el Observatório da Ética Jornalística [objETHOS] (2020) publicó la Guia de cobertura ética da covid-19, enfocada en el cuidado de la información, las fuentes, el profesional y el público. La guía destaca el complejo y desafiante trabajo de producir y transmitir información adecuada y equilibrada sobre la pandemia, con coraje y sensibilidad en las narrativas presentadas al público.

Por su parte, Cajazeira y Souza (2022) elaboraron una guía para la producción teleperiodística durante la pandemia de COVID-19, dividida en tres partes: preproducción, producción y seguridad del equipo. Las recomendaciones de la guía incluyen el uso de material de protección para el equipo de grabación; realizar entrevistas por teléfono o en línea siempre que sea posible; mantener una distancia mínima de al menos 2 metros con todas las personas; cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar; utilizar equipos móviles en lugar de aquellos con cables siempre que sea posible; y asegurarse de que todo el equipo sea descontaminado nuevamente al devolverlo.

La preocupación de las iniciativas presentadas anteriormente radica en la seguridad de los profesionales de los medios, que fueron expuestos a riesgos en distintos niveles, desde amenazas y limitaciones al trabajo hasta la posibilidad de contraer la enfermedad, especialmente cuando no había vacunas disponibles contra el nuevo coronavirus. Según el informe de la organización Press Emblem Campaign (2022), al menos 2.000 profesionales de los medios o experiodistas fallecieron a causa de la COVID-19 entre marzo de 2020 y marzo de 2022 en 95 países. Con 314 víctimas, Brasil fue el país con el mayor número de muertes, seguido de la India (284) y Perú (199). En cuanto a Brasil, el número de fallecimientos se redujo significativamente después del inicio de la campaña de vacunación, registrándose 11 casos en los dos primeros meses de 2022, en comparación con 42 en el mismo período del año anterior (Fenaj, 2022).

4. La importancia del teletrabajo en la labor periodística

A pesar de los riesgos mencionados anteriormente, es necesario destacar que la crisis sanitaria puso de relieve la importancia de la información difundida por los periodistas, provocó un aumento mundial en la demanda de noticias en los medios tradicionales y digitales y, en varios países, el público otorgó mayor confianza a los medios de comunicación (Comscore, 2022; Frutos y Sanjurjo, 2022; Reuters Institute, 2021). Según el informe Digital News Report, la pandemia «demostró el valor de la información precisa y confiable en un momento en que las vidas están en riesgo» (Reuters Institute, 2021, p. 9).

Otra investigación respalda el informe del Reuters Institute (2021). Según datos de la empresa Comscore (2022), hubo un fuerte aumento en el consumo de noticias en línea y en las interacciones sociales durante el período pandémico. A nivel global, aproximadamente nueve de cada diez personas que acceden a internet leen noticias en línea. El consumo de noticias e información es mayor en dispositivos móviles (68%) que en computadoras (32%). En América Latina, Brasil y Chile son los países donde las noticias digitales tienen mayor penetración, alcanzando, respectivamente, al 96% y al 93% de la población digital total.

Para Navarro (2020) y Varão y Ferreira (2020), la crisis sanitaria evidenció la necesidad de una acción gubernamental con un enfoque apartidario, resaltando así el compromiso del periodismo como defensor del interés público y principal responsable de mantener informada a una sociedad democrática. Ante tantas incertidumbres, presiones y restricciones impuestas por el aislamiento social, la estructura mediática se reinventó debido a la urgencia de «dialogar con la población sobre ciencia y salud, no solo para esclarecerla, sino para involucrarla como corresponsable de las medidas de salud pública adoptadas» (Caetano et al., 2021, p. 236).

Dado que el periodismo fue considerado esencial para enfrentar la enfermedad, la cobertura diaria de la COVID-19 exigió adaptaciones en el trabajo de los profesionales de los medios de comunicación. Las transformaciones que modificaron el panorama periodístico, especialmente aquellas relacionadas con el surgimiento de tecnologías digitales, favorecieron la adopción del teletrabajo para reorganizar la división de tareas a través de herramientas virtuales, como aplicaciones de mensajería instantánea y servicios de correo electrónico (Cajazeira y Souza, 2022; Martins y Oliveira-Costa, 2023; Santos y Rocha, 2021).

Según un informe elaborado por investigadores del Reuters Institute (Cherubini et al., 2020), los confinamientos y las restricciones de seguridad derivadas de la pandemia cambiaron la forma de producir noticias, haciendo que los procesos de comunicación diaria fueran más complejos debido a las largas jornadas laborales y al trabajo remoto constante. Basado en entrevistas con 136 ejecutivos de medios de comunicación en 38 países, realizadas entre el 21 de septiembre y el 7 de octubre de 2020, el documento concluye que las empresas del sector tuvieron que gestionar la cobertura de la pandemia mientras enfrentaban diversas transformaciones organizacionales internas.

Bruscamente, los medios de comunicación tuvieron que cambiar la importancia que se daba a la redacción física e implementar nuevos flujos de trabajo en el entorno digital (Cherubini et al., 2020). La mayoría de los entrevistados (55%) en el informe del Reuters Institute considera que el acceso al teletrabajo los ha hecho más eficientes. Sin embargo, más de tres cuartas partes (77%) afirman que trabajar fuera de las instalaciones de la empresa ha dificultado la construcción y el mantenimiento de relaciones en equipo. Otro aspecto preocupante mencionado por varios entrevistados se refiere al desafío de renovar la energía y estimular el proceso creativo de las discusiones en la redacción de forma remota.

Por otro lado, el 54% de los ejecutivos afirmaron que les gustaría ir a la oficina con menos frecuencia que antes de la pandemia, y el 21% indicó que preferiría regresar con una frecuencia mucho menor. Casi la mitad (48%) respondió que su organización tiene la intención de reducir las instalaciones físicas. Los datos muestran que «un cambio acelerado hacia redacciones híbridas – con algunos empleados en la oficina, otros trabajando desde casa y algunos en tránsito – probablemente será un legado duradero de la crisis del coronavirus» (Cherubini et al., 2020, p. 12).

En el contexto nacional, Figaro et al. (2020) señalan que pocas empresas comenzaron a ofrecer herramientas adecuadas para dar continuidad a las funciones durante la pandemia, a pesar de la intensificación del ejercicio profesional y el aumento de la jornada laboral. «La experiencia en el período de distanciamiento social debido a la COVID-19 se está construyendo sobre la base de la improvisación y la profundización de la explotación de los trabajadores» (Figaro et al., 2020, p. 36).

A pesar de las tensiones señaladas por Figaro et al. (2020) durante la implementación del régimen de teletrabajo, considerando la falta de infraestructura y organización por parte de los medios de comunicación, una investigación realizada por la agencia Latam Intersect PR (2022) muestra que la práctica del home office debe permanecer después de la pandemia. Las entrevistas se realizaron con cientos de profesionales de prensa en ocho países de América Latina, incluido Brasil. Más de la mitad de los entrevistados (57,6%) continuaron trabajando principalmente desde casa. Al comparar las encuestas de 2021 y 2022, se observa que el nivel de estrés generado por el home office disminuyó del 48% al 38%. Además, el 54,6% de los participantes utilizaron las redes sociales para el contacto directo con las fuentes de información, siendo WhatsApp (81,1%) el principal canal de comunicación para el trabajo.

En este sentido, son relevantes los resultados presentados por la encuesta Perfil do jornalista brasileiro 2021 (Lima et al., 2022), realizada con más de 7.029 periodistas durante el período pandémico (entre el 16 de agosto y el 1 de octubre de 2021). En cuanto al lugar donde los periodistas desempeñaron su trabajo principal en los últimos seis meses, la mayoría de los encuestados respondieron «en casa» (61,3%), mientras que el 24% respondió «en la empresa o en otro lugar de trabajo» y el 10,9% indicó «parte en casa y otra parte del tiempo en la organización en la que trabajo».

Las conclusiones del estudio coinciden con otras investigaciones, mostrando que la pandemia intensificó las dificultades de la actividad periodística, «añadiendo a la precarización ya existente efectos psicológicos derivados de las presiones habituales del trabajo combinadas con el luto y el exceso de trabajo debido a la renuncia o despido de colegas, con poco o ningún apoyo de las empresas» (Lima et al., 2022, p. 197). Por otro lado, el régimen de home office se mostró como algo positivo, siempre que haya límites entre la vida profesional y la vida privada, «lo que no siempre es una realidad, como se constató en muchos casos a lo largo de la experiencia de la pandemia» (Lima et al., 2022, p. 197).

Así, el teletrabajo fue un aliado para que los profesionales de la prensa continuaran desempeñando sus funciones en medio de los períodos críticos de la pandemia de COVID-19. Creemos que las experiencias remotas que surgieron o se intensificaron en los últimos años continuarán, ya que varias empresas periodísticas observaron que la implementación del teletrabajo reduce los costes fijos (infraestructura, mobiliario, transporte y mano de obra), introduce el uso de nuevas tecnologías, aporta mayor flexibilidad y hace que las reuniones sean más objetivas y eficientes (Jardim, 2003; Nilles, 1997). Sin embargo, es necesario que periodistas, investigadores, sindicatos y asociaciones permanezcan atentos para que el desarrollo del trabajo remoto no acentúe los procesos de crisis y precarización que afectan a la clase periodística.

5. Consideraciones finales

Esta investigación realizó un enfoque teórico sobre los impactos de la evolución del teletrabajo en la labor del periodista profesional en Brasil. Para ello, consideramos que dicha modalidad laboral se desarrolla a distancia y fuera de la sede de la empresa, con el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación (Gálvez et al., 2011; Sobratt, 2020).

El proceso de adaptación del teletrabajo en el mercado laboral fue lento en varios países, incluido Brasil, pero se fortaleció a partir de 2020 debido a los protocolos sanitarios surgidos a raíz de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, al inicio de la crisis sanitaria, la implementación del teletrabajo fue desorganizada y sin la participación de los trabajadores en las negociaciones y acuerdos, lo que causó implicaciones en la calidad de vida de los profesionales que comenzaron a trabajar de forma remota (OIT, 2020).

La pandemia también afectó el trabajo de la clase periodística. Los profesionales de la prensa tuvieron que reajustar sus rutinas productivas en medio de un escenario que acentuó los procesos de crisis, cambios estructurales y precarización (Figaro et al., 2020; Posetti et al., 2020; Reuters Institute, 2021). A pesar de las incertidumbres, presiones, bloqueos y restricciones de seguridad, muchos periodistas se apoyaron en el teletrabajo para desarrollar sus funciones de llevar información precisa a la población – especialmente sobre el impacto del nuevo coronavirus.

Con base en las discusiones teóricas presentadas en este artículo, defendemos que el modelo de teletrabajo permanecerá después de la pandemia. Por lo tanto, es necesario observar las lógicas en la rutina de producción que surgieron en medio de esta práctica laboral para que el desarrollo de la labor remota proteja los derechos laborales, permita el equilibrio entre la vida personal y profesional, y facilite el acceso a herramientas tecnológicas que promuevan un periodismo de calidad en Brasil.

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  1. 1 Algunos términos – como trabajo remoto, trabajo a distancia, trabajo virtual, trabajo flexible, trabajo móvil y home office – son considerados sinónimos de teletrabajo (Silva, 2014). Sin embargo, es necesario aclarar que no tienen el mismo significado y las diferencias están relacionadas con el lugar donde se realiza el trabajo y con la dependencia de las tecnologías de la información y la comunicación para su ejecución.